Hace tanto tiempo que no veía el barrio, la gente que me conoce desde toda la vida, caras nuevas de gente que llega por primera vez a esta colonia, los niños que ahora ya son adolescentes, las adolescentes que ahora son madres, los tenderos de las tiendas a las que mas de una vez les surtí mercancía y en las que mas de una vez fui cliente.

Los antiguos amigos ya con una vida mas solida. La sociedad en la que me crié, mi familia, mis hermanos de esquina. Los negocios legales de servicios y todas aquellas cosas que de pronto hago a un lado hoy me recuerdan lo pocamadre que viví en esos años. Ver tanto dolor encerrado en las miradas férreas que saludan con un gesto amable y una mentada de madre a este hombre que salió de ese entorno para ser una persona mejor.

Los carnales de vicio que hoy son como cadáveres semiconscientes de su realidad y apenas pueden distinguir entre la gente un rostro que les parece familiar. Halle también un antiguo compañero de armas que acaba de salir de un penal, contándome su gran aventura al ser apresado y uno que otro martirio que sufrió dentro de esas paredes.

Penas, dolores, llanto y alegría todos fundidos en los rostros invencibles de la gente, la gente del barrio que nunca olvida quien es y aunque existe quienes de manera mas afortunada que yo han logrado cosas mayores, siguen siendo humildes, sencillos y ahora mas piadosos que antes.

Ser de una buena familia y tener una buena educación es lo que muchos quieren, tener una vida mejor es por lo que todos trabajan, algunos lo logran y otros como yo día con día morimos en la raya, viviendo el presente con único objetivo de un futuro mejor.

No huir y siempre esforzarte por las metas, lo aprendí en varios lugares, el primero fue en casa, de la mano de un gran hombre al que llamo padre, el seguro lugar que lo aprendí fue en el barrio, con gente que no olvida jamás quien es y de donde viene, a quienes la pobreza y la carencia no les asusta, porque son valientes y tenaces, no les importa morir pobres en un cuarto rentado con menos que lo indispensable para estar, a ellos como a mi, nos interesa no rendirnos. Jamás dejarnos abatir. Eso aprendí en el barrio, con la gente que bien podría fundar un ejercito completo.
Ese es mi barrio.

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Un día de esos que andaba desempleado allá por el 2006 ó 2007… fuí por el Nahual a San Ángel por que tenía una cita con Luis Díaz en Kaspersky (ahí por Reforma, en Río Danubio) y llegamos –la pinche puerta cerrada, y pensé, ya valió verga el viaje pero en realidad habían salido a comer, así que tuvimos que esperar un ratito– luego, nos abre la secretaria y el nahual le dice -Podría por favor avisarle al Ing. Luis Díaz que ya estoy aquí-, ojo, –el cabrón no dijo su nombre– y la secre dijo ¡qué bueno, por que fíjese que ya está muy descarapelado aquí, ya ve que con las sillas y los pies todo se ensucia, ¿cómo en cuánto tiempo van a acabar?– el nahual hizo cara de o.0 ¿de qué me está hablando esta pendeja?, Yo ya había agarrado el pedo y solté la carcajada, en eso baja el CEO (Luis Díaz) y le dice -Nahual, no mames, qué gusto verte, no pensé que llegaras tan rápido, pásale, en chinga- Y la secretaria con cara de ¬_¬ ¿qué no es el pinche pintor y su chalán?… No mames, cagadísimo, el Nahual le cuenta a Luis y el Ing. Luis Díaz estaba doblado de la risa.

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