Esa tarde caminaba sobre la acera de un camino el cuál desconozco, el clima era caluroso con una leve brisa fresca y húmeda, mi paso era al ritmo del viento, pensaba en la cantidad de cosas pendientes por concluir.

En mi andar veía pasar muchos automóviles flotantes, nada me sorprendía ya. El viento me acariciaba suavemente mientras seguía a pié por aquella calle casi vacia y carente de vida humana. De frente a mi aunque desde otro ángulo venía una persona con un perro moteado, su pelaje era negro y tenía motas cenizas, como si hubiera sido salpicado por algún químico que decolorara su pelo.

Al pasar junto a ellos, un temor horrible se apoderó de mi, sería catastrófico para mi si ese can decidiera voltearse y darme una mordida –pensaba, imaginé también que esa bestia tendría la fuerza suficiente para deshollar un ser humano. Seguí mi camino y a la distancia se perdieron aquellos dos compañeros.

Más adelante, encontré un depósito de sustancias mágicas, tenía que comprar algunos insumos que había agotado en mi última batalla, lo primero de la lista era el siempre necesario aliento de dragón, un poco de hierbas para combatir a los vampiros y unas cuantas astillas de la bara de Moisés. Cuando me dí cuenta, el perro aquél que tanto miedo me había causado venía a toda prisa directo hacia mi; el tendero había ido a la trastienda para conseguirme un saco de alas de hada perversa y yo estaba esperándolo pero al ver aquél perro lancé un conjuro de invisibilidad para que no me notara y siguiera su camino, mientras estaba conjurado abrí la puerta “transfer” del tendero y entré de inmediato a la tienda.

Continue reading »

SociBook del.icio.us Digg Facebook Google Yahoo Buzz StumbleUpon
© 2012 Geekeandome Suffusion theme by Sayontan Sinha