En todas las clases sociales es bien conocido este mal, del cual, el día de hoy he sido víctima. Ahí va la historia completa:

Traje un frásco de café soluble de 500 gramos de la casa, para mi uso en la oficina. Todo iba bien, tenía el frásco a 3/4 partes de su capacidad, por que aunque soy cafetero, no siempre tomo café, además, aquí ponen unas cafeterotas con éste vital líquido para la sana evolución de un geek en la oficina. El caso es que mi frásco de café estaba en los cajones del escritorio –los cuales no cuentan con llave para el cerrojo– la cosa es que hoy por la mañana que iba a prepararme un café no encontré mi frásco. El Jefe de proyectos me hizo el favor de ayudarme a buscarlo y rápidamente dió con el. Resulta que la Sra. de la limpieza tomó –sin permiso– mi frásco para juntar otro qué ni mío es. Continue reading »

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