Tan cerca estaba la temible bestia de perderse en la infinita luz amorosa que le había recibido cálidamente que se sintió abrumada por el calor reconfortante que llegaba a ella mientras lentamente iba sanando de sus heridas de batalla.
Las garras ya no le pesaban tanto, su lomo ancho iba recobrando fuerza, en el camino a la cumbre de su lastimera vida. Sus ojos que como espíritus incendiarios brillaban nuevamente estaban apagándose; había luchado incansablemente durante muchas lunas para alcanzar ese objetivo. La bestia se dio cuenta que su impulso había sido corto, se negaba a derrotarse nuevamente pero se sentía sofocado, asfixiado, con el alma escondida bajo las patas, tropiezo tras tropiezo estaba mellando el filo de sus poderosas garras, había recobrado fuerza, valor, entereza y su corazón estaba llenándose de brío; los despiadados embates del camino y la flaqueza y debilidad que poseía después de haber sido derrotado y notablemente lastimado se hacía presente, le costaba trabajo avanzar, sus tropiezos le impedían distinguir la distancia próxima entre aquellos cachorros y él. El desgane hizo presa de su mente, sus instintos se desbocaron, reclamaron furiosamente lo que en este demonio sólo aquél poder maravilloso había podido remover. Es cierto, dio cabida a su maldad, se hizo a la cacería de almas como anteriormente lo había hecho, desvió sus pasos de aquél camino. Estaba confundido, había tenido de cerca aquella luz cegadora e incandescente que le calentó un poco su helado corazón, sintió fuerza y decidió regresar a la autosuficiencia que un día le arrancó pedazos de carne.
Así quería regresar a aquel largo, sinuoso y pesado camino que lleva hacia la luz eterna de la verdad y el amor, ese camino que implica una vida de esfuerzo y constancia para la cuál, Defkron se sentía temeroso, había descarnado ya muchos cuerpos, muchas almas llevaba devoradas, la sangre de sus garras no estaba fresca, mas aún se podía ver la costra de tan preciado elixir en ellas.
Tenía el rostro lleno de vergüenza, el cuerpo molido, el alma muriendo y un espíritu que clamaba con voces indecibles la necesidad de aquel calor que le despertó de su pesado sueño.
Defkron temía por la reacción de sus acciones, aún así, sabiendo que debía contenerse, permitía cada vez más la entrada de las sombras hacia sus pasos, no tenía fuerzas para correr, al desviar su camino dejó en aquella cima la vida de sus crías que clamaban su presencia con pequeños aullidos, cada uno de ellos era como un rígido metal incandescente haciendo llagas profundas y cauterizadas en su cuerpo y en su corazón. Sentía una desesperación terrible por no poder llegar hasta ellas, sabía que el día llegaría aunque no tenía idea de cuándo.
La incertidumbre se apoderó de su mente y comenzó a aullar clamando auxilio a la fuerza suprema que le hacía seguir viviendo. Las misiones de este demonio habían cambiado, aún tenía aspecto desagradable, empero tenía ya nuevas metas, sus ojos que eran como demonios ahora era fuego vivo, su temor y su raciocinio le impedían contemplar con esos nuevos ojos el todo que poseía. Con cada paso dado, hizo de si, la misma criatura voraz, terrible y menesterosa que tenía tanto miedo de cambiar que sufría con cada cambio.
¿Por qué tanto miedo? ¿Por qué tanta incertidumbre? ¿Para qué seguir? ¿Por qué no seguir? La mente dispersa y la vida casi desarmada le cerraban de nuevo las puertas a la salvación que ya había encontrado.
Había sido transformado, aquél poder hermoso había entrado como ladrón sigiloso en una noche de luna nueva a su vida y robó de su alma negra, el velo del odio, el desprecio y el rigor fatídico que empañaba su espíritu, permitiendo que el aire de vida rozara un poco aquél quieto y estéril cúmulo cósmico de magia universal que yacía sembrado en su corazón.
Habiendo tenido ya la conciencia de la serenidad plena y una probada del manjar del conocimiento de todas las eras tenía miedo. Bien sabía que sus huesos y su carne fueron forjados en el yunque del dolor, si ya conocía dicho trato, para qué se empeñaba en regresar a la forja, ¿era a caso un placer el derramar llanto doloroso y padecer sufrimiento de manera innecesaria?
Clamaba por ayuda y no quería recibirla, una tendencia clara de los demonios que siendo reparados y movidos a un plano superior, empeñaban su aliento y nuevos bríos en pudrirse como lo hicieron durante las lunas pretéritas de su existencia nauseabunda.
Aterrorizado por su andar, decidió cavar un pozo por dos lunas y ofrecer cansancio, sueño, fatiga, hambre, pesadumbre, dolor y amor a ese ser universal que con sus manos poderosas le hizo andar de pie nuevamente.
Entendiendo poco a poco, Defkron, en un momento de lucidez recibió de la luz que emana su reparador una idea que ha sido la más interesante de esta noche, es este el enunciado que le recobró la confianza “aún el acero más cohesionado se forja con calor y golpes”.
Seguirá errante por el valle de las sombras o dirigirá sus pasos al soleado y estrecho camino de la verdad que le devolvió la vida es una incógnita que será resuelta trás la huella de sus pasos en las próximas lunas…






