Una tarde fresca te contemplaba, dimos un breve paseo hacia el lugar en el que compartimos tiempo y espacio por primera vez, bajo la luna se hizo presente una bella imagen que sin lugar a dudas es la más hermosa de las ilustraciones naturales sobre la faz de la tierra. El perfecto ejemplo del equilibrio universal contenido en un solo cuerpo.

Te hiciste a mi rodeando mi espalda con tus brazos, correspondí ese bello gesto de manera instintiva y sin premura decidí recorrer la parte posterior de tu ser, mientras mi olfato se deleitaba con la escencia perfumada de tus pensamientos, mi corazón estaba perdido en la sublime fragancia tuya, embriagado de ti; mis emociones estaban despertando.

Sólo podía pensar en ese instante perfecto, el tiempo y el espacio se detuvieron, eramos tú y yo en el universo entero compartiendose. Recorriste una parte de mi, no sólo en cuerpo, también de mi alma, al paso de unos minutos tan suculentos como hermosos tu boca y la mía se fundieron en una sóla, tomaste mi mano y la conexión fue perfecta.

Y así terminó un día glorioso…

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