Bajo la luz del sol, salió de su caverna rebosante de fuerza, recapitulando, había salido nuevamente sano y reconstruido, esperó varias lunas a que su cuerpo sanara de la última y brutal batalla, tenía las patas fuertes y sus garras afiladas nuevamente, su hocico tenía cicatrices y su pelo brillaba nuevamente, se le veía un tanto flaco y descuidado pero con fuego en los ojos, había encontrado nuevamente dentro de si mismo, la pasión que le hacía hervir la sangre.

Aspiró fuertemente y comenzó a extender sus patas, en dirección a una montaña escarpada, sin razón aparente iba olfateando el suelo que con mucha fuerza atravesaban sus patas, dejando huellas casi permanentes, levantaba la mirada hacia el horizonte, aunque su s pasos no cambiaban la dirección, al pasar por ahí mató de un tarascado a un conejo y lo devoró sin demora, arrancaba partes de su cuerpo lamiendo las gotas de sangre que de su hocico iban cayendo al suelo.

Aquel ser indeseable llegó tranquilamente a la colina áspera y fría que había divisado desde su guarida, comenzó a saltar poco a poco entre cada una de las rocas, sin temor a lastimarse por tal acción, la cumbre estaba aún muy lejos y sus ánimos muy frescos como para derrotarse por tan breve travesía, gruñía y se aferraba a los trozos de roca que sustentaban su asenso, jamás retrocedió la mirada, estaba decidido a escalarla y llegar a la cumbre; el propósito no estaba develado aún, pero pronto podría tenerlo presente para escudriñarlo.

La bestia encontró en su camino un paraje donde los rayos del sol no quemaban su lomo y la temperatura era fresca y el ambiente agradable, se recostó en el suelo y comenzó a mirar el camino recorrido, había sido una dura jornada y de no ser porque sus ánimos estaban completamente renovados y su se de sangre era tanta que no podía quedarse más en su cueva que no le pareció más que un camino un tanto dificultoso pero hasta donde estaba en ese momento, cada montículo de rocas había merecido la pena.

Lamió sus garras y se revolcó sobre el suelo, sacudía vigorosamente su cuerpo para deshacerse del polvo que había adquirido tras su descanso, su podrido corazón tenía ganas de matar nuevamente, así que continuo la jornada ascendente hacia la cima de la montaña, sin cautela se precipitó de un salto hacia la siguiente roca y siguió avanzando, por su camino encontró a una víbora negra, que le invitaba a pasar lo que restaba de la tarde en su morada, aseverando que era un lugar fresco digno de una bestia como él; Defkron asisntió con la cabeza y se dirigió hacia el hogar de aquél reptil indeseable.

En una conversación desenfrenada, en el idioma de los demonios compartían entre sí sus ataques y sus infortunios, la víbora le dijo al endemoniado can: sujétame con tu hocico y hazme pender en el vacío, quiero sentir que floto, siempre he querido hacerlo, pero no he tenido a quién pedírselo; en un gesto de amabilidad, Defkron tomó al gusano y lo puso sobre las rocas como si quisiera arrojarlo al vacío que metro a metro se hacía más profundo, la víbora sintió pavor y rogó que no la soltara y la regresara a tierra firme. Defkron hizo lo que el animal le pedía y la puso de nuevo en tierra, una vez más el reptil de sangre fría le pidió que lo hiciera de nuevo… Defkron no vaciló en hacerlo y la puso sobre el risco.

La víbora complacida y sin temor le dijo que se sentía segura entre sus fauces, Defkron, sin afán de engolosinarse con dichas palabras, guardó en el rincón del olvido tan suave y cariñoso elogio, no podía hacer otra cosa, su mente estaba con Naville y su corazón con el alma de su amada compañera. El bicho aquél, al ver que la noche estaba cerca pidió a Defkron quedarse en su madriguera hasta que el sol despuntara nuevamente, los ánimos de la bestia eran inamovibles nuevamente, pero por cortesía decidió aceptar, así pasaron aquella noche juntos.

En la serenidad de la noche, la víbora hacía preguntas a la bestia maligna que sin temor respondía, la víbora quería saber de su pasado y de lo que su presente estaba formado, Defkron, un animal sin emociones respondía cada pregunta sin la menor mesura, un ser podrido no tiene nada que perder y menos cuando ya lo ha perdido todo, nutrió la curiosidad de la víbora hasta el hartazgo de su morbo febril. Así avanzó la noche y Defkron quedó rendido y se recostó suspirando por una tarde tranquila, misma que desde hacía miles de lunas no disfrutaba.

Al otro día, al abandonar la madriguera del rastrero siguió a la bestia y le preguntó sí podía ir junto con él, Defkron de mala manera aceptó la autoinvitación de aquél gusano vil y emprendieron juntos el viaje hasta la cima, la víbora parecía animosa, arrastrándose rápidamente mientras él saltaba entre las rocas. El paso se fue haciendo brusco y pesado, la víbora que había comenzado con gran ímpetu desmerecía su condición de animal feroz e iba quedándose poco a poco atrás.

Defkron dio un vistazo volteando por primera vez en su viaje hacia atrás, vio a la víbora negra un tanto cansada y lastimada del vientre por alguna antigua batalla librada, la bestia renuente, regresó hasta la víbora y le ofreció ayuda, quién obedeciendo a su naturaleza le tiró una mordida directo al hocico, lastimando a la bestia pero no de gravedad, pensó que con su veneno vil podría lastimar al indestructible demonio de los caminos dolorosos, al místico ser tenebroso de las sombras. Defkron, con una risa burlona miró a la víbora y con un gruñido irónico replicó: “Es esto todo lo que tienes para mi… por favor dime que es una caricia, que no es todo el veneno que hay en ti, que eres aún más poderosa de lo que aparentas…” La víbora replicó: “Te he atacado por miedo a ser lastimada, no porque haya deseado hacerlo, esta es mi naturaleza y debes comprenderla, te he seguido hasta aquí, porque quise y ahora ya no quiero hacerlo más”, — No me extraña de una criatura como tú una traición tan sosa, no estás hecha de lágrimas, dolor y ceniza como yo, respondió Defkron.

Sin más, Defkron dio la vuelta y prosiguió su camino, dejando atrás a un rastrero estúpidamente agresivo y vil, no cuestionó su ataque, tampoco le interesaba tanto, al final de su larga jornada, él debía llegar sólo a la cima para un propósito que aún es un misterio. Defkron no miró hacia atrás nuevamente, se hizo al camino y el camino se hizo a él. Así caminó por los riscos entre las sombras que la luna proyectaba con las peñas, avanzaba lentamente, sin prisa, sin cautela, con la luz de sus ojos endemoniados alumbrando su sendero…

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