Bajo la luz del sol, salió de su caverna rebosante de fuerza, recapitulando, había salido nuevamente sano y reconstruido, esperó varias lunas a que su cuerpo sanara de la última y brutal batalla, tenía las patas fuertes y sus garras afiladas nuevamente, su hocico tenía cicatrices y su pelo brillaba nuevamente, se le veía un tanto flaco y descuidado pero con fuego en los ojos, había encontrado nuevamente dentro de si mismo, la pasión que le hacía hervir la sangre.
Aspiró fuertemente y comenzó a extender sus patas, en dirección a una montaña escarpada, sin razón aparente iba olfateando el suelo que con mucha fuerza atravesaban sus patas, dejando huellas casi permanentes, levantaba la mirada hacia el horizonte, aunque su s pasos no cambiaban la dirección, al pasar por ahí mató de un tarascado a un conejo y lo devoró sin demora, arrancaba partes de su cuerpo lamiendo las gotas de sangre que de su hocico iban cayendo al suelo.
Aquel ser indeseable llegó tranquilamente a la colina áspera y fría que había divisado desde su guarida, comenzó a saltar poco a poco entre cada una de las rocas, sin temor a lastimarse por tal acción, la cumbre estaba aún muy lejos y sus ánimos muy frescos como para derrotarse por tan breve travesía, gruñía y se aferraba a los trozos de roca que sustentaban su asenso, jamás retrocedió la mirada, estaba decidido a escalarla y llegar a la cumbre; el propósito no estaba develado aún, pero pronto podría tenerlo presente para escudriñarlo.
La bestia encontró en su camino un paraje donde los rayos del sol no quemaban su lomo y la temperatura era fresca y el ambiente agradable, se recostó en el suelo y comenzó a mirar el camino recorrido, había sido una dura jornada y de no ser porque sus ánimos estaban completamente renovados y su se de sangre era tanta que no podía quedarse más en su cueva que no le pareció más que un camino un tanto dificultoso pero hasta donde estaba en ese momento, cada montículo de rocas había merecido la pena. Continue reading »






