Esa tarde caminaba sobre la acera de un camino el cuál desconozco, el clima era caluroso con una leve brisa fresca y húmeda, mi paso era al ritmo del viento, pensaba en la cantidad de cosas pendientes por concluir.

En mi andar veía pasar muchos automóviles flotantes, nada me sorprendía ya. El viento me acariciaba suavemente mientras seguía a pié por aquella calle casi vacia y carente de vida humana. De frente a mi aunque desde otro ángulo venía una persona con un perro moteado, su pelaje era negro y tenía motas cenizas, como si hubiera sido salpicado por algún químico que decolorara su pelo.

Al pasar junto a ellos, un temor horrible se apoderó de mi, sería catastrófico para mi si ese can decidiera voltearse y darme una mordida –pensaba, imaginé también que esa bestia tendría la fuerza suficiente para deshollar un ser humano. Seguí mi camino y a la distancia se perdieron aquellos dos compañeros.

Más adelante, encontré un depósito de sustancias mágicas, tenía que comprar algunos insumos que había agotado en mi última batalla, lo primero de la lista era el siempre necesario aliento de dragón, un poco de hierbas para combatir a los vampiros y unas cuantas astillas de la bara de Moisés. Cuando me dí cuenta, el perro aquél que tanto miedo me había causado venía a toda prisa directo hacia mi; el tendero había ido a la trastienda para conseguirme un saco de alas de hada perversa y yo estaba esperándolo pero al ver aquél perro lancé un conjuro de invisibilidad para que no me notara y siguiera su camino, mientras estaba conjurado abrí la puerta “transfer” del tendero y entré de inmediato a la tienda.

Una esfinge notó mi presencia y comenzó a gritar despavorida como si fuera a deborarla pero no era esa mi intención, sólo quería ocultarme. Me sorprendió que aquél perro llamado “Arquero” tuviera la capacidad para ver entre las sombras y encontrarme. Me miró fíjamente a los ojos y pronunció un conjuro para contrarrestar mi invisibilidad. Me puse de pié inmediatamente y comencé a hablarle en una antigua lengua Danesa propia del lugar nórdico de donde él venía.

La conversación fluía y me informaba que mis ancestros habían solicitado mi presencia en su mausoleo, me sentí renuente a creerlo porque no todos los de mi clase eran convocados por sus viejos. Nos pusimos en marcha y al paso del camino vimos huir unos cuantos animales míticos, él me decía que debíamos apresurarnos puesto que la guerra ya había comenzado. Apresurando el paso nos montamos en mi dragón, el cuál venía tatuado en una de mis piernas, al hacerse presente, extendió sus alas y en la lengua de los dragones me dijo “Es hora, vamos a la guerra”.

Su coraza se tiñó de un color carmín y las lenguas de fuego casi rozaban el suelo, jamás lo había visto tan furioso, Arquero y yo subimos al dragón quién de inmediato alzó el vuelo y comenzamos a desplazarnos entre las nubes, nos elevamos al máximo y después de caer en picada me dí cuenta que mi vestimenta había cambiado, ahora tenía una suerte de armadura hecha con las escamas escarlatas de mi dragón, Arquero también fue dotado de una, vaya trío épico.

Llegamos al mausoleo de los de mi clán y cada uno me dió las armas de sus victorias y me ungieron con la sangre que derramaron en sus derrotas, susurraron palabras de aliento hacia mis bestias y hacia mi, con los conjuros de los ancianos y mis bestias equipadas con nuevas armas y conjuros, emprendimos el viaje…

Llegamos a una zona árida, donde miles de banshees habían tomado por prisioneros a los príncipes de las tierras poderosas, las comandaba una temible medusa que con sus ojos al descubierto convertía en piedra todo lo que miraba. Por segunda ocasión logré comandar mi dragón en pié, mientras Arquero se hacía antropomorfo, yo llevaba sobre mis hombros miles de avispas venenosas que iban atacando aquellos demonios.

Los cuernos de mi dragón penetraron las escamas y se hacía uno conmigo, comenzamos a combatir aquellos demonios, les estábamos derrotando sin ningun inconveniente cuando de los cielos apareció un dragón aún más grande que el mío, con ojos de rubí y lenguas de hierro incandescente. Al verlo, no sentí temor alguno, fuimos directo a combatirlo, Arquero saltó sobre mis hombros y se lanzó directo al cuello de la temible bestia, quién sin dudarlo lo deboró de una sola tarascada… Eolos (mi dragón) y yo nos internamos en las entrañas del demonio supremo y comenzamos a ver seoles y criptas donde miles de almas penaban y se retorcían.

Llegamos al corazón del indómito ser y nos encontramos de frente con Cronos, el dios del tiempo, le hicimos frente y por más que intentaba, mis hechizos no surtían efecto sobre él, podía retroceder y adelantar el tiempo a placer. Entonces recordé un consejo que un anciano, ancestro mío, había susurrado a mi oído, deja de temer al tiempo, a la victoria o a la derrota, el tiempo siempre será tiempo y no podrás derrotarlo jamás, si logras el conjuro de aceptación de tiempo y espacio lograrás derrotar al tiempo porque éste es el encargado de cegarnos con la desesperación y la angustia.

Mi mente se puso en blanco y comprendí que Cronos era nada más que un ser atacante y despiadado pero débil su poder estaba en mi desesperación por vencerlo, en la angustia que blandía mi alma cual papiro al saberme responsable de la seguridad de un imperio. Las lágrimas de frustración que brotaban de mis ojos lo nutrían y le daban fuerza. Cuando comprendí que no era necesario preocuparme, pronuncié el hechizo de aceptación y Cronos comenzó a desmoronarse junto con su cruel bestia.

Al desintegrarse, las almas se molecularizaban y retomaban su posición en el manto estelar, Arquero salía de entre las visceras del demonio y comenzaba a lanzar hechizos contra las almas malvadas que daban fuerza al dragón. Rápidamente salimos de él y lancé mi último conjuro, el conjuro de la verdad y el poder de la convicción.

Terminó la batalla y con ésta, ganamos la guerra.

Guardé a Eolos bajo mi piel y arquero se retiró hacia las criptas de mis viejos, encerré mis conjuros en una botella del mar mediterraneo y me retiré a descansar llevando conmigo la enseñanza de mis viejos y la sangre de sus huesos.

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  One Response to “El guerrero mágico”

  1. ¡Hola Pedro, qué gusto leerte de nuevo!

    Toda tu narrativa fue interesante y confieso que me agrada la idea de una continuación.

    La parte mas significativa para mi fue esta a la que le hago copy-paste:

    …deja de temer al tiempo, a la victoria o a la derrota, el tiempo siempre será tiempo y no podrás derrotarlo jamás, si logras el conjuro de aceptación de tiempo y espacio lograrás derrotar al tiempo porque éste es el encargado de cegarnos con la desesperación y la angustia…

    ¡Magnífico consejo! Recién lo re-descubrí a través de una complicada pero edificante experiencia que ya conoces.

    Saludos y abrazos para ti.

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