Memorias de mi viaje a Monterrey, Nuevo León.
Éste es mi primer post del tan esperado 2010, ha pasado una década completa de la cual me hice conciente de mil cosas… todas ellas hoy me han dejado un sabor de boca inigualable.
Primeramente, decidí visitar estas tierras debido a que la magnitud de los problemas que tenía superaban mi capacidad de asimilación y mi recuperación. Éstos, son principalmente un cúmulo de emociones que estaban mermando mi acontecer diario, ambos han sido un parteaguas en mi vida. En el post anterior relaté mi situación emocional y física.
Hoy, después de varios días en el casi perfecto exilio personal, alejado de mis dos seres más queridos (mis hijos) y con la poca convivencia humana personal que tuve con la humanidad me hice conciente del momento perfecto para estar sentado de frente a mi y analizar mis emociones. Fue un golpe muy duro y por tal razón decidí alejarme de todo y de todos y hacer un espacio para mi.
He extrañado cada detalle de mi vida en México, D.F. pero me ha ayudado a comprender que la belleza de mi vida se logra con tanto y que a su vez es tan poco lo que me hace felíz que el mal manejo de mis emociones nubló mi vista y mi percepción de ello.
Pasé una temporada a la que por costumbre siento cierto tipo de arraigo lejos de mi “familia”, de las más emotivas y vivenciales que hay en el año. Los momentos que pasé perdido en lágrimas y penas fueron terribles, abasallantes y aterradores, el no saber disfrutar de la soledad estaba arreciando fuertemente contra el objetivo principal de mi estancia en éste lugar.
Afortunadamente, con el paso de las horas fui habituándome lentamente a la comodidad que brinda la diosa miseria; sigo extrañando en cada segundo de estos días, las sonrisas de mis hijos, sus llantos, sus berrinches, balbuceos y palabras, que quize renunciar apenas pasaban las primeras 72 horas lejos de ellos, tanto que pensé en tomar mi maleta y regresar de nuevo a la vida que ya conocía; una parte dentro de mi, me obligó a quedarme, a cumplir la meta, a alcanzar el objetivo con el que partí de México el año pasado.
De camino a Monterrey, mientras iba abordo del autobús saliendo por Lindavista, escuchaba una canción llamada Heavy Weight del grupo Infected Mushroom, en esos momentos, mientras detrás de mi rumbo pasaba por aquella zona, sentía como mi alma poco a poco iba dejando pequeños grandes trozos de desolación, de ira y rencor por aquello que no pudo ser. Ella vivía por ahí, y de no haber sido por su deceso, habríamos caminado por esas calles tomados de la mano haciéndonos el amor con una mirada o simplemente al rozarnos las manos. Eso que no pudo ser, jamás lo será; para ese entonces yo iba desbordado en un mar de llanto que los pasajeros que eran mis acompañantes indirectos no comprendían y miraban atónitos la emotividad de mi llanto.
Saliendo de esa zona la tristeza se amoldaba lentamente en mis ojos, mi corazón, mi vida entera, mi alma gemela no volvería jamás a mi, ni por todo el oro del mundo ni por un oceano repleto de lágrimas sinceras. Es dificil pasar por una situación semejante, la cuál solo comprende quién ya la ha vivido. Conforme avanzaban los kilometros también avanzaba en mi el firme propósito de no ceder ante mis impuslos, sabía que tenía que partir y era el momento justo y oportuno para hacerlo.
La primer parada fue en Querétaro, nos detuvimos por unos minutos en la terminal local para que más tripulantes nos acompañaran en nuestro viaje. Nada de raro paso ahí, pero al salir y ver el sol del medio día, sentí una nueva emoción, estaba cumpliendo una meta de corto plazo, de esas que dejan un excelente sabor de boca. No sentía más pena ni remordimiento por haber huído de México como un perro cuándo se le regaña: con la cola entre las patas.
Sobre la ruta, mi mente daba vueltas y las ideas parecían una tormenta ciclónica, mis emociones y pensamientos no daban cabida a la cordura, mi cabeza simplemente era más un caos que un tímido esbozo de orden. Seguíamos avanzando y el sol seguía su camino, no se detenía, por más veloces que avanzáramos en el autobús jamás lo detendríamos o minimizaríamos su ritmo perfecto; ésto me dió una solución a la pregunta más dificil ¿qué hago en este momento?, mi respuesta fue sencilla aunque surgió después de más de 4 horas de camino y de mucho dolor: “Continuar, el sol jamás se detiene, aunque ya no quiera vivir un atardecer más; así es como funciona mi vida, me dije entonces”.
La segunda parada fue en San Luis Potosí, un lugar en el que solo pude tomar una coca y comer dos hot dogs, además de invitarle un “jocho” a alguien. Ahí comenzaba a tomar forma un pensamiento más que en breve compartiré, después de ésto, continuamos el viaje, con rumbo a Saltillo, Coahuila. En esa parada mi mente volvió a redoblar esfuerzos por confundirme y abolirme con tanta idea rara y traumante que poco a poco iban intensificando la gravedad de mi situación.
Durante casi 12 horas de camino estuve recibiendo mensajes por parte de mi gran amiga Claudia Villaseñor, que gran mérito merece por éste avance en mi vida. Señora mía, Usted bien sabe que la estimo de todo corazón, con ese amor que solo la amistad puede hacernos externar, le agradezco sus atenciones y el apoyo que me ha dado.
Por fin, a la media noche llegué a la Terminal de Colón, llamé a mi amigo Sergio, quién con amabilidad me dió alojamiento en su casa y en menos de 15 minutos estuvo allí por mi. Al verlo tuve una grata sensación de apoyo, como si jamás hubiera dejado de verlo, como si fueramos los grandes amigos de toda la vida, siendo esto aún más raro porque solamente compartimos por internet unas cuantas horas y en persona unas cuantas más cuando visitó México y yo le dí hospedaje.
En el camino no se habló de mucho, apenas tuve tiempo y ganas de contarle superficialmente lo que había acontecido en mi vida, simplemente me dijo: Que malo que vienes en estas condiciones y que yo parto pasado mañana por la mañana hacia Tamaulipas con mi familia. En cierta manera sentí un gran alivio, porque no tendría nada que hacer y muy poca gente a quién poder visitar o invitar a salir; yo venía por la soledad y por el espacio que necesitaba para mi.
Al llegar aquí, el recibimiento fue cálido, sencillo pero muy cálido; hablamos un par de horas o quizas menos, de temas que entre informáticos son comunes; se fue a dormir y me incrusté en la habitación que me dijo, una vez medio instalado, mis ojos se llenaron de lagrimas nuevamente y dejé que toda la tristeza, el llanto, la depresión, la desesperación, la frustración y demás emociones hicieran girones mi alma entera, así pasé aquella noche.
Pasaron unas horas más y Sergio abandonó Monterrey para llegar a la casa de su mamá en Tampico… mientras eso sucedía ingerí grandes cantidades de alcohol, tratando de ahogarme y anestesiarme de la peor manera posible, así seguí por los próximos 3 días. Mientras mi alma entera se hacía añícos mi mente iba esclareciendo de a poco todas las dudas y sacando fuera todo el rencor, el odio y la impotencia que me habían orillado a cometer el exilio que en ese momento ya era poco menos que irreversible.
En éstos días también me dí a la tarea de ayudar a Sergio a poner un poco de orden en su casa, ser soltero, geek y estar enamorado de la información y los videojuegos es una combinación peligrosa que deja estragos en el más pulcro templo de veneración a mil habitos.
Por las noches casi no podía dormir, ni con tanto alcohol ni con el cansancio, me dediqué a ordenar mis pensamientos y a sacar de mis tristes sucesos lo mejor que había en ellos para forjarme un pensamiento distinto, nuevo y sobre todo para crear en mi un alma nueva, más resistente y más dulce para con la gente que me rodea.
Recibí el año con un vodka en la mano y dos grandes amigos por webcam, ellos sí pudieron realizar su sueño y sé que les espera una vida larga y plena, se les nota el amor, se les nota que se aman y eso les hará trascender en el universo, como a Patricia y a un servidor.
Hace unas cuantas horas mientras fumaba un cigarro, veía un quinteto de niños jugando vivázmente con un maltrecho balón de futbol… se divertían grandiosa y cualitativamente, haciendo de un deporte tan sencillo su máxima felicidad, disfrutando cada grito, cada patada y cada gol como si fuera el último de la mayor temporada de ese deporte. Se veían increíblemente felices y llegué a la siguiente conclusión: Con cuanto y con tan poco puede uno ser felíz, razón que reafirmo hoy mismo saliendo a fumar un cigarrillo nuevamente y encontrándome el lado del Cerro de la Silla que puedo ver, envuelto en una suave y tímida bruma que al despunte del alba recobra su lugar en los cielos.
Qué me llevo de Monterrey, me llevo muchos buenos recuerdos, aunque ninguno de lugares locales, todos me los llevo de mi y para mi, porque me vi caer, me vi tirado y me vi levantándome del suelo, recogiendo de los escombros las partes más útiles o quizas menos dañadas de mi vida y de mi alma. Me llevo también el enorme agradecimiento que tengo por mi al no haberme arrepentido por darme el espacio que ya me merecía, en mis maletas me acompañan: regalos para mis hijos, la ropa sucia pero sobre todo me acompañan nuevas esperanzas, nuevas metas, nuevos logros y muchísima felicidad que desde el año pasado estaba esperando por mi.
Este post va dedicado a las personas que hicieron esto posible, comenzando por Claudia Villaseñor, Sergio Camarena, Myrna y Alain… Gracias.







Que bueno que te sirvió tu retiro.
Espero que este 2010 tengas más éxito y que logres todas tus metas, como lograste salir vivo de estos días difíciles.
Saludos!
me da orgullo saber como has crecido, no solo de este momento, sino de los últimos años para acá, si bien tu vida no ha sido fácil, tampoco te has tirado en el abismo eterno de la autocompasión, es bueno verse, autocriticarse, quererse y crecer.
Ya eres más fuerte, nunca dejes de ser sensible, como hoy valora todos tus siguientes momentos, se feliz cuando puedas serlo, y pus que, también el dolor se disfruta…
Te dejo un abrazo, espero que tengas todo el exito del mundo este año y siempre.
Ahi te ves…